19/3/06

Hablar a solas

Quién no ha hablado alguna vez a solas en el metro, en el autobús o mientras daba un paseo. Este hábito inconsciente es tan frecuente que los psiquiatras aseguran que todas las personas lo hacemos en determinados contextos -para recordar un número de teléfono o enumerar las tareas que debemos realizar en el día- y descartan la necesidad de acudir al especialista por esta conducta si no hay otros síntomas de trastorno mental. Comportamientos extraños, incoherentes o mecimiento del cuerpo, son algunas de las pistas para pensar que el soliloquio puede tener relación con otra patología. No obstante, lo habitual es que hablemos solos como una forma de pensar en voz alta, sin esperar respuesta, o como mecanismo de defensa para hacer frente a la soledad. En los niños, es muy frecuente que creen amigos imaginarios cuando no tienen cerca compañeros de juego.

Por qué hablamos solos?“La gente habla sola porque tiene capacidad de lenguaje”. Así resume Julio Bobes, catedrático de psiquiatría de la universidad de Oviedo, la tendencia de las personas a hablar solos. Asegura que no debemos preocuparnos por contarnos cosas a nosotros mismos, “salvo porque socialmente no está bien visto”. A su juicio, hablar es tan humano, que todo el mundo puede experimentar en algún momento de su vida contestar a discursos que tiene dentro de su aparato psíquico, e insiste en que sólo los prejuicios sociales y una “supuesta anomalía” en esta conducta hacen que una de las funciones propias del ser humano no esté completamente aceptada. “Cuando alguien habla a solas no siempre es porque tiene problemas o trastornos mentales, sino que todo el mundo en algún momento responde en voz alta a estímulos internos”, señala.

Según este especialista, se considera completamente normal que las personas tengan soliloquios, ya que muchas veces se trata de contestaciones a discursos que creamos en nuestro interior. “De repente, alguien habla, manifiesta una frase que, si no se conoce el contexto o al individuo, no se entiende, pero que no deja de ser un pensamiento en voz alta”, explica.

De niños o adultos todos hablamos alguna vez a solas: podemos narrar una receta mientras la cocinamos, mostrar nuestro enfado o frustración cuando algo nos sale mal, recordar una cita que tenemos ese día o repetir varias veces un número de teléfono que queremos recordar. “Este tipo de conductas se da muchas veces cuando la persona se queda sola y necesita comunicar, expresar, lo que le pasa por la cabeza en ese momento -apunta Bobes-. Pero el soliloquio no es una expresión de soledad, sino una conducta que se produce bajo determinados estímulos sociales”.

Por el contrario, puede darse el caso de que los soliloquios estén relacionados con alguna alteración en las áreas del cerebro encargadas del lenguaje (durante el curso de varias enfermedades) o que respondan a algún trastorno mental como la esquizofrenia, la psicosis o el trastorno bipolar. “En la esquizofrenia, personas que están en fase activa de la enfermedad pueden tener alucinaciones auditivas, oír voces que los demás no pueden oír, y contestar a las mismas, por lo que quienes les rodean observan que están hablando solos”, explica Pedro Moreno, director médico del Instituto Balear de Psiquiatría y Psicología. “En el caso de enfermos esquizofrénicos, es una respuesta a ideas y pensamientos delirantes”, añade Bobes.

Entonces, ¿cuándo debemos consultar al médico sobre esta conducta? “Cuando esto se transforma en una conducta iterativa, es decir, que ocurre con mucha frecuencia. Cuando no se encuentra explicación o argumentos de tipo lógico para explicar estas circunstancias. Cuando el soliloquio está fuera de contexto y, sobre todo, si la conducta es claramente extraña e incoherente”, responde Moreno, quien precisa que a consecuencia de algunas enfermedades como la esquizofrenia el paciente debe someterse a un tratamiento con fármacos antipsicóticos, “que son muy eficaces y en un alto porcentaje hacen desaparecer las alucinaciones en pocos días”.

Soliloquio infantil

Una vez que el niño comienza a hablar, repite todo lo que oye. Le gusta aprender nuevas palabras y es habitual que balbucee. Por ello, esta conducta no debe extrañar tampoco a medida que el niño crece. Investigadores del Laboratorio de Neurolingüística del Massachussets General Hospital aseguran que entre un 20% y un 60% de los comentarios que los menores de 10 años hacen en voz alta no van dirigidos a nadie. En este sentido, según la psicóloga infantil y profesora de esta disciplina en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) Victoria del Barrio, “cuando los niños hablan a solas, sólo están pensando en voz alta”.

“La gente se alarma mucho porque los soliloquios son uno de los síntomas de psicosis u otros trastornos mentales, de ahí que cuando ven a un niño hablar solo piensan que hay ideaciones imaginarias o alucinaciones y se asustan mucho, pero en los niños todas las conductas humanas tienen una fase que es perfectamente normal”, explica la psicóloga. “A partir de los dos años -continúa-, cuando el niño empieza su introducción en el lenguaje, habla elementalmente, pero expresa sus deseos, sus emociones y, en línea general, sus necesidades”. Es entonces cuando el pequeño encuentra en ese lenguaje elemental una gran satisfacción al poder comunicar a un nivel superior todo aquello que ha comunicado antes gestualmente. Y, aunque creamos que habla solo, lo que hace es jugar con el lenguaje y describir las acciones que realiza. “Es una forma de jugar que ni siquiera es comunicativa, sino descriptiva”, describe Victoria del Barrio.

El pensamiento en voz alta no es más que una estrategia de fijación. Todos los niños describen siempre lo que hacen.

Por ejemplo, cuando juegan narran constantemente lo que hacen, la acción que realizan, y pueden continuar así hasta que dan el salto intelectual, sobre los cinco años, y comienzan a razonar sin necesidad de hablar en voz alta.

Otra situación que puede darse entre los infantes es que cuando hablen se dirijan a un interlocutor, pese a que estén solos. En este caso, los menores recurren al lenguaje como un mecanismo para afrontar su soledad. Inventan los compañeros de juego (amigos imaginarios) que no tienen e idean personajes a los que casi siempre ganan en cualquier competición o, incluso, formulan obligaciones. Esa manera de jugar es más sorprendente para quien contempla la escena, porque el niño no tiene un compañero al lado y se sabe con precisión que está hablando solo. Para Del Barrio, esto puede alarmar aún más porque tiene más parecido con perturbaciones mentales graves, pero en el 99% de los casos es una solución imaginativa a la soledad y no hay que darle más solución que la compañía. “Es algo pasajero y tiene una solución inmediata: relacionarse con otros niños. Cuando uno es dueño absolutamente del juego manda a los demás, aunque los amigos sean imaginarios, porque mandar le gusta a todo el mundo. Pero eso no tiene más problema que el hecho de que es un niño muy imaginativo, que está solo y que necesita socializarse con otros niños”, asevera la psicóloga, quien advierte, no obstante, de la importancia de acudir al especialista si esos comentarios privados van acompañados de movimientos de mecimiento, agresividad u otro tipo de conductas “extrañas”. “Entonces, es necesario acudir al especialista y que éste haga un diagnóstico”, aconseja.


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Dr. José Manuel Ferrer Guerra