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11/11/16

¿Somos víctimas de nuestras emociones? [11-11-16]


¿Somos víctimas de nuestras emociones?

El concepto número doce en esta relación de patrones de pensamiento distorsionado, es el creer que uno no tiene control sobre sus emociones y que somos víctimas de estas sin poder controlar la forma en que nos sentimos. Esta idea es totalmente incorrecta.

La realidad es que ejercemos un gran control sobre nuestros estados emocionales y si nos percatamos de ello a través del pensamiento racional, aprenderemos a controlar nuestras emociones de forma muy efectiva. Si las emociones nos controlan es porque nosotros lo permitimos al concentrarnos en los pensamientos negativos.

Según pensamos, así nos sentimos. Es sumamente importante que vigilemos la calidad de nuestros pensamientos, para controlar de esta manera la calidad de nuestras vidas. Cada uno de nosotros es responsable de su propia vida emocional.

El patrón es el siguiente: pensamiento, emoción y reacción. Cuando usted se encuentra deprimido, si analiza las causas se dará cuenta que esto se debe a una serie de pensamientos negativos que usted está sosteniendo acerca de su propia persona. Si usted se siente alegre se dará cuenta de la misma manera que es plenamente responsable por ese sentimiento de alegría, sencillamente porque se ha estado concentrando en cosas positivas.

Todos somos responsables de nuestros estados emocionales. No somos víctimas de las emociones. Tenemos pleno control sobre la forma en que nos sentimos. La reacción emocional es siempre nuestra propia responsabilidad. Si nos percatamos de esto a través de nuestro pensamiento racional, aprenderemos a controlar nuestras emociones de forma muy efectiva. Si las emociones nos controlan a nosotros, es porque lo permitimos al concentrarnos en los pensamientos negativos. Según pensamos, así nos sentimos.

11/4/16

Alexitimia, la incapacidad de expresar emociones [11-4-16]


Alexitimia, la incapacidad de expresar emociones

¿Si te dijeran que el edificio en que nos encontramos está en llamas, qué harías? «No sé». Esta respuesta, falta por completo de apasionamiento, podría ser la de una persona que sufre alexitimia, es decir, incapacidad para identificar o expresar emociones. Este desorden, que en ocasiones es consecuencia de una lesión o intervención quirúrgica en el cerebro, es sobre todo un problema de origen psiquiátrico. Quienes lo padecen, más hombres que mujeres, son personas que resultan aburridas, con dificultades para crear vínculos afectivos y con escasa capacidad creativa. Además, suelen dar vía libre a sus emociones a través del padecimiento de numerosas enfermedades. Aunque algunos estudios sugieren que es un desorden muy extendido, que sufren siete de cada cien personas, los expertos señalan que no existen datos sobre la incidencia en la población, e insisten es que se trata de un rasgo de carácter más que de un trastorno, por lo que quien la padece no siempre se somete a tratamiento.

Una interpretación clínica

Un vecino, una amiga, un compañero... Todos conocemos a personas que parecen no inmutarse por nada, no sentir ni frío ni calor. Son personas que no expresan su afectividad con palabras ni gestos: ni echan las campanas al vuelo cuando tienen una alegría, ni muestran dolor cuando les sobreviene una desgracia. Muchos de ellos pueden sufrir alexitimia, un desorden caracterizado por la incapacidad para reconocer y expresar emociones. El término empleado para referirse a este problema de nombre casi impronunciable es de origen griego y significa literalmente «sin palabras para las emociones» (de a: no; lexis: palabra; timos: afectos).

En la alexitimia las emociones afloran en forma de problema físico

El término fue acuñado en 1972 por el psiquiatra estadounidense Peter Sifneos para describir «un problema». Porque la alexitimia, en sentido estricto, no es una enfermedad; tampoco un trastorno. En realidad, como señala José Menchón, del equipo de Psiquiatría del Hospital de Bellvitge, en Barcelona, es una interpretación clínica para referirse a las personas que no pueden explicar sus sentimientos. Emociones que, generalmente, pueden llegar a somatizar y expresar de modo físico.

De hecho, una de las claves para detectar que una persona puede presentar el cuadro de alexitimia es la cantidad de problemas físicos que padece (herpes, eccemas, dolores de cabeza, fibromialgia), dolores para los que ningún especialista halla respuesta y que suelen responder a la ansiedad que provoca el hecho de tener enterradas las emociones, a las que dan salida mediante estas dolencias.

Origen diverso

La alexitimia puede tener su origen en dos ámbitos: el psiquiátrico o el de la neurocirugía, campo en el que según indica Enrique García Bernardo, jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, se utiliza menos este término. Como explica el psiquiatra, las intervenciones cerebrales de los años sesenta eran más invasivas que en la actualidad, pero aún hoy, aunque hay operaciones que han dejado de practicarse de manera habitual (como la lobectomía frontal), las intervenciones de neurocirugía pueden dejar, entre otras secuelas, alexitimia. En este caso se trata de alexitimia secundaria, sobrevenida tras un problema ajeno a la personalidad del paciente. Este tipo de incapacidad para reconocer y expresar emociones es más evidente que la alexitimia primaria, que padece el individuo como un rasgo de su personalidad y es de menor intensidad, según señala José Manchón.

Los casos más graves de la alexitimia provocada por la neurocirugía son los de aquellas personas que tras la extirpación de un tumor en el cerebro, o a causa de una lesión, cambian de personalidad y pierden capacidad emocional. Como señala Manchón, algunas de estas personas son más frías e indiferentes que antes de ser operadas. La causa de este cambio radica en un daño accidental en los tejidos ocasionado por una cirugía cerebral. También puede tratarse de una disfunción en la comunicación entre los hemisferios del cerebro que controlan los lados racional y afectivo.

La alexitimia, en sentido estricto, no es una enfermedad ni un trastorno, sino una interpretación clínica para referirse a las personas que no pueden explicar sus sentimientos

La incapacidad de expresar sentimientos tras la cirugía también puede deberse a lesiones, como la desconexión entre el sistema límbico del cerebro, que detecta los estímulos fisiológicos que generan la emoción, y el neocórtex, la zona que reconoce la emoción y permite expresarla. Finalmente, también pueden darse estados transitorios en personas sometidas a intervenciones muy agresivas o a situaciones de alto estrés. Se interpreta, en estos casos, como algo parecido a un mecanismo de defensa frente a la agresión que están sufriendo.

En el caso de la alexitmia primaria, su origen puede encontrarse en una predisposición genética, tener ese rasgo de la personalidad desde el nacimiento. Pero, además, existe el factor social, la educación afectiva que se recibe. Según expresa Enrique García Bernardo, muchos de entre quienes padecen este desorden han crecido en familias donde los sentimientos no se expresaban, por lo que ellos aprenden a no hacerlo y llegan incluso hasta la negación de los mismos. Por ello recalca la importancia de la educación emocional, «ya que cuanto mejor reconozca sus emociones una persona, más capacidad tendrá para ser feliz y vivir en sociedad».