Articulos de Salud Sicologica, consejos para prevenir enfermedades, noticias del mundo medico, consejos para mejorar nuestra salud emocional y sicologica
Mostrando entradas con la etiqueta fobias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta fobias. Mostrar todas las entradas
24/12/16
El cinco por ciento de las personas con agorafobia, ni siquiera salen de casa [24-12-16]
El cinco por ciento de las personas con agorafobia, ni siquiera salen de casa
Al llegar el verano se reproduce con mayor frecuencia este tipo de situaciones. De una manera brusca y sin que haya un agente desencadenante claro se empiezan a notar taquicardias, sudoración, una especie de mareo y sensación de inestabilidad, síntomas similares a los de una angina de pecho o un infarto
Con la llegada del verano se reproducen situaciones clásicas de desplazamientos, viajes a lugares desconocidos, encuentros festivos…; se introduce, en fin, un cambio de hábitos de la conducta humana que, en determinados casos, afectan a las personas agorafóbicas. La literatura científica clásica puntualiza que la agorafobia hace referencia a un miedo intenso a los espacios abiertos.
En la actualidad, tal y como describe el director la unidad de hospitalización psiquiátrica del Hospital San Juan de Dios de Santurtzi y psiquiatra de Avances Médicos, José María Galletero, “la acepción de este término incluye, además, la presencia de síntomas como el miedo a lugares o situaciones donde, en el caso de padecer una crisis de angustia, no pueda disponerse de ayuda inmediata. El término abarca un conjunto de fobias relacionadas entre si, a veces solapadas, entre ellos temores a salir del hogar, a entrar en tiendas o almacenes, a las multitudes, a los lugares públicos y a viajar solo en trenes, autobuses o aviones. Aunque la gravedad de la ansiedad y la intensidad de la conducta de evitación son variables, este es el más incapacitante de los trastornos fóbicos y algunos individuos llegan a quedar completamente confinados en su casa”.
La crisis de angustia se define como “la aparición temporal y aislada de miedo o malestar intensos, iniciados bruscamente, que alcanzan su máxima expresión durante los primeros 10 minutos en los que se evidencian algunas expresiones somáticas como palpitaciones, sudoración, ahogo, opresión torácica, náuseas, vómitos, escalofríos, sofocaciones, atragantamientos, parestesias (sensación de entumecimiento u hormigueo), además de un profundo miedo a morir o a perder el control y enloquecer”.
Apunta el experto que “la agorafobia es el trastorno más frecuente y el más agradecido desde el punto de vista del tratamiento psiquiátrico” y recuerda que “puede ser muy incapacitante, dado que la persona afectada comienza por evitar determinados lugares públicos. Esto va en aumento, hasta el punto de que el cinco por ciento de los pacientes quedan recluidos, evitan salir de casa, incluso a la acera de enfrente”.
Según comenta este especialista, “en un principio el paciente, de una manera brusca, sin que haya un agente desencadenante, un precipitante claro o una situación reconocida empieza a notar taquicardias, sudoración, una especie de mareo y sensación de inestabilidad, aunque no llegue a caerse al suelo. Se trata de una crisis de angustia, con síntomas similares a los de una angina de pecho o un infarto: con dolores de pecho, opresión, temblor, sudoración o mareos, que, sin embargo, no tienen tan graves consecuencias para la salud”.
Sin embargo, resulta difícil hacerles ver esta cuestión. “No obstante, el paciente empieza a coger miedo a morirse, a volverse loco, a perder el control por si pierde el conocimiento y cae al suelo. Esto hace que identifique el lugar donde se ha producido la crisis con la causa –en la calle, en el cine, en el coche…- y empieza a evitar las situaciones donde se ha desencadenado esta crisis. Al final dejan de coger el ascensor, el coche… y empiezan a limitarse. Aún así, estas crisis se siguen reproduciendo y el paciente cada vez evita más situaciones. Este tipo de personas en ocasiones tienen miedo a viajar, a salir de viaje a lugares sonde no tengan un hospital próximo, un centro sanitario de referencia cercano, donde sepan que puedan ser ayudados. Pensar que han de viajar en avión, autobuses, metros, etc… les provoca pánico”.
También añade que “al final, su vida se va reduciendo a lugares comunes, familiares, muy próximos a su casa y a veces sólo acompañado por personas conocidas, con las que ellos se sienten seguros y tienen a experimentar menos ansiedad Algunas asociaciones de personas agorafóbicas de los EE.UU. han diseñado programas de ayuda en los que los propios miembros de la asociación acompañan al paciente en los viajes del metro, en autobuses o en las salidas de los centros comerciales porque eso les da una cierta seguridad”.
A la hora de describir los rasgos más comunes del hábitat en el que aparece esta patología con mayor frecuencia, Galletero apunta que “la agorafobia se presenta habitualmente en la franja de edad que va de los 20 a los 30 años y con mayor frecuencia en el género femenino, en una proporción de dos a uno. También es verdad que cuando la mujer sufre una crisis de angustia de este tipo, consulta más al psiquiatra. Sin embargo los hombres consultan menos y tienden a combatir con el consumo de alcohol como tranquilizante este tipo de crisis o ansiedades, con los riesgos que ello conlleva” y continúa señalando que “la evolución de la enfermedad es irregular y a veces es cíclica, aparece y desaparece por episodios. Existen tratamientos habituales con fármacos –ansiolíticos y algunos antidepresivos- y con psicoterapia cognitivo-conductual que ofrecen buenos resultados en tratamientos breves, de apenas diez sesiones”.
En cuanto al tratamiento, este “se centra en sesiones psicoeducativas que tratan de que el paciente vea con objetividad la crisis. Cuando el paciente tiene una crisis de este tipo piensa que va a tener un infarto, que se va a morir, que va a tener un derrame cerebral. Lo primero que hay que hacer es eliminar estas ideas distorsionadas, tratando de hacerle ver que una crisis de angustia, aun siendo muy molesta, no supone un riesgo grave para la salud. Hay que informar al paciente de qué son las crisis y cómo se generan. Después hay que tratar de modificar los pensamientos automáticos de los pacientes y cambiarlos por otros más positivos. El paciente tiene un pensamiento catastrófico y es necesario minimizar las consecuencias de la crisis. Habitualmente, desde que uno está bien hasta que está en la cumbre de la crisis pasan unos diez minutos, pero si uno espera la ansiedad se va pasando en poco tiempo aunque sea muy molesto”.
Todo esto se complementa con “la necesidad de enseñar al paciente técnicas de relajación para manejar la ansiedad y adiestrarle, asimismo, en el manejo de técnicas de respiración. También es preciso fomentar la idea de que no ha de cambiar de conductas, es decir que no tiene que evitar los lugares donde se desencadenó la crisis porque no por evitarlos las cosas van a ir mejor. De igual modo, Hay que informar a la familia para que ayude y entienda que no es una manía, un antojo, ni un signo de debilidad del paciente, sino que se trata de una enfermedad y hay que ayudarle, acompañándole a determinados sitios”.
El modo de actuación de quienes rodean a un agorafóbico es sencillo. “A veces lo que más calma la ansiedad es la tranquilidad, así que, aunque esté en una crisis aguda hay que tratar de mantener la calma. Hay que tratar de ayudar a respirar de forma adecuada y buscar ayuda médica lo más pronto posible. Si esta patología se trata de una manera precoz tiene mucha mejor solución que si se espera mucho tiempo porque la enfermedad no sólo se puede cronificar sino que puede empeorar con depresiones porque el paciente va complicándose la vida”.
Se trata ésta, de una cuestión de importancia. Precisa el médico psiquiatra que “habitualmente este tipo de problemas lo suelen tratar los médicos de cabecera. Según un estudio realizado en el Hospital de Basurto en los años 90 sobre 3.000 agorafóbicos, se comprobó que los pacientes que padecían este problema recorrían una media de siete médicos antes de acudir al psiquiatra: al cardiólogo, al digestivo, al especialista cardio-respiratorio, etc… Esto hace que se dispare el gasto sanitario y que se retrase mucho la atención sanitaria. Los pacientes no identifican los síntomas como algo psicológico y buscaban otros recursos médicos”.
Como puntualiza este psiquiatra, “existen manuales que se entregan a los pacientes en los que se recogen técnicas para disminuir los síntomas de ansiedad. Son técnicas de distracción que se practican para desviar la atención con estímulos neutros. Por ejemplo, ver los coches rojos o los que terminan en matrículas par o con cosas agradables para el paciente. Respirar con tranquilidad, no alarmarse son otras técnicas aconsejables e incluso se ha detectado el hecho de que para algunos pacientes, sólo el hecho de llevar la medicación en el bolsillo ya les resulta balsámico y tranquilizador”.
Etiquetas:
agorafobia,
fobias
12/11/16
Claustrofobia [12-11-16]
Claustrofobia
Cuando la severidad de los síntomas no es alta y el diagnóstico no es complicado, un psicólogo puede ayudar a superar esta fobia en apenas diez sesiones
Cuando entra en un ascensor, ¿siente palpitaciones y la boca seca? ¿Le da miedo viajar en metro o pasar varias horas en autobús? ¿Evita circular o pasear por los túneles? ¿Sufre ansiedad cuando se encuentra a oscuras en una habitación cerrada? Todas estas situaciones describen lo que se conoce como claustrofobia, un miedo intenso a los lugares cerrados que se caracteriza por diversos síntomas fisiológicos y que requiere la intervención de un especialista para superarlo. Aunque es una de las fobias más sencillas y fáciles de tratar, quien la padece puede verse limitado en su vida diaria. Por ello, conviene acudir al psicólogo para que diagnostique y aplique la terapia más adecuada. Diez sesiones pueden ser más que suficientes.
Origen
Las fobias se caracterizan por un miedo irracional ante una circunstancia o situación determinada. Cuando ese miedo se presenta como consecuencia de sentirse atrapado en un espacio pequeño, o que se percibe como tal, se denomina claustrofobia. Un problema que afecta aproximadamente al 5% de la población y que se clasifica dentro de las denominadas fobias específicas, es decir, aquellas que describen el miedo a algo concreto.
Quien la padece evita situaciones tan comunes como utilizar un ascensor, atravesar un túnel, viajar en metro, autobús o avión, quedarse encerrado en una habitación pequeña e, incluso, hay quien se niega a soportar pruebas médicas como un TAC, que requiere inmovilidad absoluta durante varios minutos en máquinas de ajustadas dimensiones. «Son capaces de buscar cualquier alternativa para no tener que afrontar su miedo», asevera Juan Romeu, especialista en neurología y psiquiatría del Gabinete Médico Psicológico de Barcelona y perteneciente al Cuerpo Facultativo de la Clínica Quirón.
Es muy probable que una persona que padece episodios de claustrofobia pueda haber experimentado antes una situación traumática que le conduce a evitar escenarios similares. Por ejemplo, es frecuente que se nieguen a utilizar un ascensor quienes se han quedado atrapados en algún momento de su vida en otro sin apenas aire para respirar, más si se cortó el suministro eléctrico. Pero no todas las experiencias desagradables son vividas por cada persona de la misma manera ni dejan la misma huella. Que en un futuro se desarrolle ese temor irracional a repetirla, por tanto, puede depender de otros factores.
Algunos especialistas afirman que la claustrofobia se produce por causas hereditarias, como una especie de trastorno genético que se transmitiría de generación en generación. Una teoría con la que no todos están de acuerdo y que responde, según explica Verónica Guillén, psicóloga del gabinete de Psicología Previ, de Valencia, al hecho de que «algunos padres transmiten a sus hijos mensajes de ansiedad y les trasladan, sin darse cuenta, sus propias fobias».
Son varias las teorías, pero en la práctica la mayoría coincide en afirmar que quien padece de claustrofobia no siempre teme al espacio cerrado en sí, sino que padece el mismo miedo, a veces más, a las posibles consecuencias negativas que pueda provocar. «Es muy frecuente que se tema más sufrir un ataque de ansiedad que quedarse colgado en un ascensor», señala Guillén. Precisamente, es en estos casos cuando el tratamiento puede complicarse porque los miedos se multiplican y las fobias, también. Es como si además de tener miedo a un perro, nos aterrara pensar que nos puede morder y contagiarnos la rabia.
Síntomas
La mayoría de las fobias tienen unos síntomas comunes que, en el caso de la claustrofobia, también se repiten. Los más habituales son boca seca, palpitaciones, sensación de ahogo, sudor frío, náuseas, pulso acelerado, malestar, sofocos y temor; prácticamente los mismos que se presentan en una crisis de ansiedad o de angustia. Además, a menudo se produce también una respiración rápida, llamada hiperventilación, que según describe Juan Romeu «llega a provocar un exceso de eliminación de CO2 y alcalosis sanguínea». Estas alteraciones pueden dar lugar a hormigueo y espasmos musculares, especialmente en el rostro y en las manos.
«La ansiedad es una reacción de alarma ante lo desconocido, cuya respuesta es doble», explica Romeu. De un lado, psíquica, «de preocupación o impaciencia» y física, caracterizada por la múltiple activación del organismo como defensa ante lo imprevisto. «El cerebro pone en marcha la respuesta de ansiedad como un estado de suma vigilancia, de alerta crispada, al tiempo que, a través de descargas de adrenalina, prepara al cuerpo para lo que pueda ocurrir», completa Romeu.
Es esta descarga de adrenalina la que provoca los síntomas citados y causa otros como el aumento de la presión arterial o la contracción de algunos esfínteres, que puede ir emparejado con la necesidad de orinar o de defecar. Todos ellos suelen presentarse ante cualquier situación que implique permanecer en un espacio reducido y pueden derivar, según su intensidad, en un ataque de pánico. Esto es lo que ocurre cuando una persona sufre claustrofobia en el agua. «Puede ocurrir que cuando alguien practica buceo, más que sentir una sensación de libertad, se sienta encerrado y, al verse rodeado de agua y a cierta profundidad, la ansiedad se convierta en un ataque de pánico», describe Verónica Guillén.
Por lo general, los síntomas remiten cuando se termina la situación que los provocó, pero es importante controlarlos y superarlos para evitar que la persona pueda resultar dañada. «No todos los estados de ansiedad cursan con todos estos síntomas», matiza Romeo. No obstante, «un 3% ó 4% de la población general sufre las llamadas crisis de ansiedad o de pánico, que provocan una intensa conmoción en quien las padece, con una grave sensación de estar perdiendo el control o incluso de estar muriéndose».
Puede ocurrir también que los síntomas de la claustrofobia se agraven cuando la persona los padece en público, en una situación difícil o embarazosa, y deba enfrentarse a la sensación de vergüenza que pueda sentir porque los demás le miren o sienta que hace el ridículo. Es entonces cuando se añade el fenómeno llamado agorafobia, que además de utilizarse para referir el miedo a los espacios abiertos se emplea, según Romeu, para definir el miedo y la ansiedad que aparecen, de forma patológica, cuando uno está en algún lugar de donde es difícil salir para hallar ayuda si apareciera la crisis de ansiedad.
Cómo superarla
La claustrofobia se cura, pero para ello, según afirma Verónica Guillén, es necesario acudir a un psicólogo. «Si la claustrofobia es una fobia sencilla, conocida como fobia específica, se clasifica dentro de los trastornos de ansiedad y no necesita fármacos para curarse», explica. Sólo se recurre a los medicamentos cuando la claustrofobia se produce a la vez que otros trastornos graves como la depresión, situación en la que se precisaría de la intervención de un psiquiatra. «Si no, sólo es un problema», matiza.
Juan Romeu también comparte esta idea e insiste en que cuando la claustrofobia no se asocia con ninguna otra fobia o complicación es fácil de curar. No obstante, reconoce que hay que tener cuidado porque la claustrofobia a veces se confunde con el miedo a tener un ataque de ansiedad, «que es otra fobia y requiere otro tratamiento». Antes de ponerse en manos de un especialista, añade, las personas afectadas suelen desarrollar técnicas de evitación. «Evitan aquella situación que saben que les provoca la fobia, hasta que alguien querido les pide que la afronten o se encuentran obligados a hacerlo», subraya. Es el caso de alguien que tiene miedo a volar y debe viajar de urgencia desde la península a las islas. En casos así, «seguro que cogerá el avión», apunta el psiquiatra.
El tratamiento para superar una claustrofobia consta principalmente de dos partes: información y exposición. «Primero se facilita al paciente toda la información que necesita sobre la claustrofobia y su origen, y luego se recrean aquellas situaciones que dan lugar a la fobia», indica Guillén. Se trata de que el paciente diferencie los conceptos de miedo, ansiedad y fobia, y entienda las causas que los provocan, a la vez que se le enseñan técnicas de relajación y de control del pensamiento, para recordar tranquilamente la situación temida.
«Esta es la forma lenta, pero las fobias se pueden superar también de forma rápida», defiende Romeu. «Se trata de colocar a la persona en una situación de máxima ansiedad y esperar que se extinga por agotamiento». Por ejemplo, cita, una persona con fobia a los ascensores es situada en uno de ellos junto con el terapeuta y «es aleccionada a consumir su ansiedad hasta que ésta desaparezca por completo». La ansiedad despertada por una situación suele bajar al 50% en la primera hora, al 20% en la segunda hora, y extinguirse por completo durante la tercera hora. Si se combinan técnicas de relajación es factible reducir el proceso a poco más de una hora. «De esta forma, la persona aprende que es posible convivir con las situaciones más temidas y, a partir de ahí, regular sus miedos irracionales», asegura.
Por otro lado, las nuevas tecnologías también han irrumpido en el mundo de la psicología. La realidad virtual es una técnica cada vez más utilizada para estos trastornos. La primera experiencia se llevó a cabo en el Centro Médico Delfos-Sitec de Barcelona, en colaboración con la Universidad Jaume I, de Castellón. La metodología se aplicó de manera experimental para sumergir a los pacientes progresivamente en las situaciones que les provocaban el miedo, pero ha sido extendida por otros profesionales como los del Centro Previ. «Podemos crear cuantas situaciones imaginemos», cuenta Romeu. Gracias a la realidad virtual se puede recrear un ascensor, un túnel o una habitación, en la que poco a poco se bajan las persianas y cada vez se consigue más oscuridad. El psicólogo observa cómo reacciona la persona claustrofóbica y le ayuda a superar la situación que le provoca ansiedad. Se trata de un tratamiento «más breve y menos agresivo», explica uno de los psicólogos del centro.
En concreto, este sistema de realidad virtual puede ayudar al paciente a superar su problema en apenas seis sesiones cuando la fobia no se complica con otros trastornos, según Verónica Guillén, aunque con el sistema de terapia convencional pueden bastar una decena de sesiones de una hora de duración. Lo importante es tener ganas de curarse, recuerdan en Previ: «No todas las personas con claustrofobia buscan ayuda profesional para superar su problema». Muchas manejan su problema evitando activamente las situaciones que impliquen cierre, la mayoría desconocen que este problema puede llegar a desaparecer con un tratamiento apropiado y otros suelen buscar ayuda especializada sólo cuando su problema interfiere de un modo notable en su vida, en su trabajo, en su familia o en sus relaciones sociales. Por último, muchos claustrofóbicos se han resignado y han aprendido a vivir con su problema.
Etiquetas:
fobias
27/10/16
Fobia social, esa incontrolable ansiedad [27-10-16]
Fobia social, esa incontrolable ansiedad
Cualquier persona puede temerle a una determinada situación o a un objeto en particular, pero cuando este miedo es incontrolable, puede ser que se trate de un caso de fobia. El paciente fóbico típico se vuelve ansioso, irritable, sufre de insomnio. Un sudor frío le recorre la espalda, le tiemblan y le transpiran las manos, se le nubla la vista y aumenta su ritmo cardíaco.
Se estima que una de cada diez personas tiene fobia o ansiedad patológica en algún momento de su vida. El doctor Jorge Luis Rovner, psiquiatra, médico especialista recertificado por la Asociación Médica Argentina (AMA), considera a las fobias como "un tipo específico de trastorno de ansiedad".
"Son miedos y preocupaciones excesivas remarca que aparecen aún en ausencia de aquello que se teme y condicionan la vida de quienes las padecen".
Se conocen más de 150 tipos de fobias entre los seres humanos. La fobia social o trastorno por ansiedad social (TAS) es una de las más comunes y afecta a casi 10% de la población general.
Un miedo que paraliza
El hecho de que la fobia social sea tan común en nuestros tiempo se considera un subproducto del ritmo de vida acelerado general: la tendencia al aislamiento que se suele dar como respuesta y las horas frente a la pantalla del televisor o al monitor de la computadora hacen que cada vez resulte más difícil comunicarse, y de ahí que las consultas se hayan incrementado en los últimos dos años.
"El TAS se manifiesta de temprana edad señala Rovner, cuando la persona presenta dificultades para hablar y exponerse en público".
Muchas veces, esta patología se confunde con simple timidez; la diferencia radica en que "en el TAS el individuo no puede vencer las situaciones que le preocupan y tiende a aislarse". Por el contrario, en los individuos tímidos "puede haber malestar, pero se vence la dificultad con mayor o menor esfuerzo", diferencia el especialista.
De todos modos, las personas con fobia social no necesariamente son tímidas. Quienes sufren de esta enfermedad son conscientes de que sus temores son excesivos y hasta irracionales. No obstante, no logran controlarlos. La adolescencia es la etapa más proclive a las fobias sociales, aunque las consultas suelen hacerse después de los veinte años.
El trastorno por ansiedad social, sostiene el psiquiatra, afecta ligeramente más a mujeres que a hombres y alcanza su más extendido target en la adolescencia y en la juventud temprana. El manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales un código internacional conocido como DSM-IV define a la fobia o ansiedad social como "un temor persistente y acusado a situaciones sociales o a actuaciones en público por temor a que resulten embarazosas".
Genéricamente, no apuntan a una causa específica. Para el doctor Rovner "es probable que existan factores educacionales y culturales", relacionados con "familias y sociedades con poca tolerancia al error e hipercríticas". Habría también factores personales, como ocasiones traumáticas de gran vergüenza o burla, autoexigencias exageradas sobre sí mismo y sobre el propio desempeño.
31/7/16
Fobia social, un trastorno que paraliza y aisla
Fobia social, un trastorno que paraliza y aisla
El miedo a hacer el ridículo en público es más común de lo que parece
info7.mx
Sudar, temblar y estar mareado, son síntomas típicos de las personas que padecen fobia social. Sabrina es una de esas personas que padecen este trastorno.
El miedo a hacer el ridículo en situaciones en que se tiene que interactuar con otras personas, los simples actos de hablar con alguien, realizar exposiciones escolares o conferencias o hasta cuando se come o bebe en público resultas muy complicados para quien padece fobia social.
Este tipo de trastorno generalmente comienza en la juventud, cuando los niños ingresan en la pubertad y comienzan incluso a separarse de sus familias.
El contacto con las personas de la misma edad en esta etapa es más frecuente, lo que genera inseguridad en algunos chicos. Si bien no es muy frecuente, la fobia social también puede afectar a niños en edad preescolar.
A diferencia de las personas que son solamente tímidas, los individuos que padecen fobia social se ven limitados de manera extrema en su interacción con otra personas. El miedo puede prolongarse a lo largo del tiempo.
En el caso de Sabrina, quien padeció este trastorno, sus miedos llegaron al extremo cuando comenzó a estudiar. No iba a clases ni se atrevía a hablar con los profesores y apenas tuvo contacto con su familia.
Hasta que un consejero de la universidad le recomendó hacer una terapia. Sabrina logró tomar coraje para esta decisión un tiempo después. Buscando en Internet conoció a otras personas afectadas y juntos terminaron formando un grupo de autoayuda.
"Me ayudó mucho poder hablar con otros que me entienden. Nadie juzga a nadie. De esta forma gané confianza e hice nuevos amigos", dice hoy en día.
La terapia conductista es el mejor tratamiento para este problema. La idea es que los afectados aprendan pequeñas técnicas para enfrentar situaciones difíciles. En la mayoría de los casos, los miedos van variando a lo largo de la vida.
Los especialistas advierten que los afectados no ganan nada con estrategias defensivas. Sabrina logró dominar su fobia con la ayuda de la terapia conductista y el grupo de autoayuda. Además, asiste a cursos en los que se entrena en retórica, idioma corporal y la confianza en sí misma. Hoy día asegura: "Ya no trato de evitar las situaciones que me dan miedo, sino que aprendí a enfrentar mis temores".
El miedo a hacer el ridículo en público es más común de lo que parece
info7.mx
Sudar, temblar y estar mareado, son síntomas típicos de las personas que padecen fobia social. Sabrina es una de esas personas que padecen este trastorno.
El miedo a hacer el ridículo en situaciones en que se tiene que interactuar con otras personas, los simples actos de hablar con alguien, realizar exposiciones escolares o conferencias o hasta cuando se come o bebe en público resultas muy complicados para quien padece fobia social.
Este tipo de trastorno generalmente comienza en la juventud, cuando los niños ingresan en la pubertad y comienzan incluso a separarse de sus familias.
El contacto con las personas de la misma edad en esta etapa es más frecuente, lo que genera inseguridad en algunos chicos. Si bien no es muy frecuente, la fobia social también puede afectar a niños en edad preescolar.
A diferencia de las personas que son solamente tímidas, los individuos que padecen fobia social se ven limitados de manera extrema en su interacción con otra personas. El miedo puede prolongarse a lo largo del tiempo.
En el caso de Sabrina, quien padeció este trastorno, sus miedos llegaron al extremo cuando comenzó a estudiar. No iba a clases ni se atrevía a hablar con los profesores y apenas tuvo contacto con su familia.
Hasta que un consejero de la universidad le recomendó hacer una terapia. Sabrina logró tomar coraje para esta decisión un tiempo después. Buscando en Internet conoció a otras personas afectadas y juntos terminaron formando un grupo de autoayuda.
"Me ayudó mucho poder hablar con otros que me entienden. Nadie juzga a nadie. De esta forma gané confianza e hice nuevos amigos", dice hoy en día.
La terapia conductista es el mejor tratamiento para este problema. La idea es que los afectados aprendan pequeñas técnicas para enfrentar situaciones difíciles. En la mayoría de los casos, los miedos van variando a lo largo de la vida.
Los especialistas advierten que los afectados no ganan nada con estrategias defensivas. Sabrina logró dominar su fobia con la ayuda de la terapia conductista y el grupo de autoayuda. Además, asiste a cursos en los que se entrena en retórica, idioma corporal y la confianza en sí misma. Hoy día asegura: "Ya no trato de evitar las situaciones que me dan miedo, sino que aprendí a enfrentar mis temores".
Etiquetas:
fobias
Suscribirse a:
Entradas (Atom)